jueves, 13 de enero de 2011

De la abstracción y la realidad

SALVIATI Supongamos que le presento dos secuencias de números, tales como

7 8 5 3 9 8 1 6 3 3 9 7 4 4 8 3 0 9 6 1 5 6 6 0 8 4 ...
y
1, -1/3 , +1/5 , -1/7 , +1/9, -1/11 , +1/13, -1/15 ...

Si le pregunto, Simplicio, cuál es el número que sigue en la primera secuencia, ¿qué me responde?
SIMPLICIO No sabría qué decirle. Creo que es una secuencia caprichosa, no ajustada a ninguna ley.
SALVIATI ¿Y en la segunda secuencia?
SIMPLICIO Esto es fácil. Tiene que seguir +1/17.
SALVIATI Correcto. Pero, ¿si le digo que también la primera secuencia obedece a una ley, y que esta ley es, en realidad, idéntica a la que acaba usted de descubrir con respecto a la segunda secuencia?
SIMPLICIO No lo creo probable.
SALVIATI Ciertamente es así, empero, puesto que la primera secuencia es, simplemente, el comienzo de la fracción decimal [expansión] de la suma de la segunda. Su valor es Pi/4.
SIMPLICIO Usted está lleno de trucos matemáticos así, pero no veo qué relación tienen con la abstracción y la realidad.
SALVIATI Las relaciones con la abstracción son fáciles de ver. La primera secuencia parece azarosa, a menos que uno haya desarrollado, a través de un proceso de abstracción, cierta clase de filtro al cual le es posible percibir una estructura simple por detrás de la aparente casualidad.
Es exactamente de esta manera que son descubiertas las leyes de la naturaleza. La naturaleza nos pone enfrente de una multitud de fenómenos que nos impresionan principalmente por su arbitrariedad caótica, hasta que seleccionamos determinados hechos significativos y los abstraemos de las circunstancias particulares y nada significativas que los rodean, de modo de llegar a convertirlos en ideas. Solamente así es que pueden exhibir su verdadera estructura en todo su esplendor.
SAGREDO ¡Es un concepto maravilloso! Propone que, cuando tratemos de comprender la naturaleza, observemos los fenómenos como si fuesen mensajes que deben ser comprendidos. Con la advertencia de que todos los mensajes parecerán casuales hasta que establezcamos un código para leerlos. Este código adopta la forma de una abstracción, esto es, optamos por ignorar ciertas cosas a causa de que no son pertinentes, y en consecuencia seleccionamos en parte el contenido del mensaje mediante una elección libre. Tales señales no significativas constituyen el "ruido de fondo" que limita la precisión de nuestro mensaje.
Ahora bien, como el código no es absoluto, puede haber diversos mensajes en la materia prima de los datos, por lo cual, cambiando el código, surgirá un mensaje de significación igualmente profunda desde algo que antes no era sino ruido, y a la inversa: en un nuevo código, un mensaje anterior puede carecer de significación.
Así, un código presupone una libre elección entre aspectos diferentes y complementarios, cada uno de los cuales tienen un idéntico reclamo de realidad, si es que puedo utilizar esta dudosa palabra. Algunos de esos aspectos pueden sernos completamente desconocidos ahora, pero tal vez se revelen a un observador que aplique un sistema diferente de abstracciones.
Pero dígame, Salviati, ¿Cómo podemos entonces sostener que hacemos algún descubrimiento acerca del mundo real objetivo? ¿No será que tan sólo estamos creando cosas de acuerdo a nuestras propias imágenes, y que la realidad está únicamente dentro de nosotros mismos?
SALVIATI No creo que sea así necesariamente, pero son interrogantes que merecen una reflexión más profunda.

- un pasaje de "Are Quanta Real?", de J. M. Jauch


1 comentario:

Nausica dijo...

Me quedé pensando en esta idea de: "observar los fenómenos como si fuesen mensajes que deben ser comprendidos". Porque al pricipio lo pensé como una suerte de "transformación" de lo que se nos presenta adelante, y después me corregí. La interpretación de algo no siempre tiene que significar una transformación.
Igual me perdí divagando jaja