miércoles, 8 de abril de 2009

Cómplices inesperados

Iba caminando con su habitual grupo de amigas. Pero ella iba atrás, distraídamente equilibrándose en el cordón de la vereda. De pronto, donde estaba por poner el pie, vio aparecer el pie de él, que venía del otro lado, también haciendo equilibrio. Levantó la vista y lo miró a los ojos. El desconocido estaba tan sorprendido como ella. Cómplices inesperados, ambos sonrieron simultáneamente.

1 comentario:

Gonzalo Rodriguez dijo...

Muy lindo, como siempre.

Uno por lo general siente las "incapacidades", "particularidades", "etcéteras" de uno cuando no las ve en otro. Cuando aparece otro ñato haciendo equilibrio sobre el cordón uno siente que no está solo en su soledad. Uno no está solo, pero sí en soledad.

Abrazo.

Gonzalo.-